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Gestiona tus emociones en 5 pasos

Aprende a gestionar tus emociones en 5 pasos, y conviértete en un maestro emocional.

Las emociones son una parte imprescindible de nosotros para nuestra vida.

Pero no les damos la importancia que se merecen. Las tenemos olvidadas, no les prestamos atención, e incluso muchas veces nos gustaría que desaparecieran de nosotros.

Las emociones son uno de los motivos por los que seguimos existiendo. Sin ellas, nuestra especie se hubiera extinguido, pero no les hacemos el caso que requieren.

Si no aprendes a gestionar tus emociones, tu vida será un caos llena de conflictos, limitaciones y problemas.

Todas las especies tienen emociones, y gracias a ellas, sobreviven.

El problema, es que nadie nos ha enseñado a gestionar correctamente las emociones. Ni nuestros padres, ni en el colegio, ni la misma sociedad nos enseña la importancia de las emociones y como debemos gestionarlas.

Des de pequeñitos, cada una de nosotros va lidiando con ellas como puede.

Nos sentimos tristes, enfadados, alegres, decepcionados, rabiosos… y nadie nos dice que tenemos que hacer con estas emociones.

Nadie nos ha enseñado que las emociones tienen una función.

En ningún momento nos han explicado que las emociones no son ni buenas ni malas, si no que todas son necesarias para nuestra supervivencia y nuestra buena gestión de la realidad.

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan maneras de adaptarnos a los estímulos del entorno.

Las emociones surgen de nuestra interpretación de las situaciones que vivimos.

Nosotros mismos somos quienes hacemos nuestras propias emociones.

No es lo que vivimos lo que nos hace sentirnos enfadados o frustrados, si no que es el significado que nosotros le damos a esa situación lo que nos hace sentirnos de una manera u otra.

Nuestra manera de comportarnos, a su vez, viene precedida por la emoción que hemos sentido.

Tanto las emociones como nuestro comportamiento, se originan por la manera en como nosotros hemos interpretado la realidad.

No surgen de la nada. Si no que tienen una razón de existir.

Pero la buena noticia, es que como nosotros hacemos las emociones, también tenemos el control sobre ellas y las podemos cambiar.

El  70% de las decisiones que tomamos son emocionales.

Por lo tanto, si controlas tu emoción, puedes controlar tus decisiones y cambiar tu vida.

La cuestión aquí es saber gestionar bien las emociones, para poder gobernar nuestra vida y no ser una víctima de las circunstancias.

Si aprendes a gestionar las emociones, las podrás usar a tu favor.

Pero si las gestionas mal, es cuando se producen los bloqueos, el malestar e incluso, pueden surgir enfermedades.

Hoy en día está muy de moda el termino Inteligencia emocional, que no quiere decir otra cosa, que gestionar bien las emociones.

La forma correcta de gestionar una emoción es sintiendo conscientemente la emoción.

Es decir, darse cuenta de la emoción que estás experimentado y dejarla actuar para poder reaccionar a ella correctamente.

Cuando eres capaz de sentir una emoción conscientemente, eres capaz de descifrar el mensaje que te está dando, y por lo tanto, podrás dar la respuesta más adecuada que estás sientiendo.

En contra, cuando rechazamos una emoción porque no nos gusta, como por ejemplo, la tristeza, la rabia, el enfado o la ira, es cuando no damos la respuesta adecuada a la emoción que estamos sintiendo, y se generan los problemas.

Hay algunas emociones que no nos gusta sentir.

Las llamamos emociones «negativas o malas», y son todas aquellas que nos hacen sentir incómodos.

Pero estas emociones están ahí para que tú tengas una información determinada de la situación que estás viviendo, y puedas actuar y gestionar tu realidad de una manera eficiente.

Cuando sentimos una emoción de este tipo, muchas veces la evitamos o rechazamos, para no sentir esta emoción.

Otras veces, la reducimos, es decir, intentamos sentirla menos haciendo cualquier cosa que nos distraiga.

No nos permitimos sentirnos tristes, furiosos, melancólicos o deprimidos.

Hacemos todo lo posible por evitar sentirnos así, y muchas veces llegamos al punto de bloquear estas emociones para no sentirlas en absoluto.

Pero las emociones “negativas” son una señal de acción.

Nos están diciendo que hay algo en nuestro entorno que no está funcionando bien.

Por lo que si no gestionamos bien estas emociones, evitándolas, reduciéndolas o bloqueándolas, no gestionaremos bien nuestro entorno, ni a nosotros mismos, y es cuando se producen las heridas emocionales, las limitaciones y no llegamos a nuestro potencial.

Cuando perdemos algo importante para nosotros, aparece la tristeza.

Si la gestionamos bien, cumple su función liberadora del duelo. Pero si la gestionamos mal, bloqueándola, porque creemos que estar triste es igual a ser débil, deja de cumplir su función y se enquista.

Nuria, vino a consulta porque no podía sentir tristeza.

No recordaba haberse puesto triste en su vida, pero esto le preocupaba, porque pensaba que no era normal. De hecho, ella se veía diferente al resto.

Ella me contó que había vivido una experiencia traumática cuando era pequeña. Una experiencia en la cual le robaron su inocencia y su felicidad.

A consecuencia de esto, debería haberse puesto triste, pero ella no permitió que saliera la tristeza porque pensó que ser triste era igual a ser débil.

Nuria tenia asociada la debilidad con ser víctima. Pensó que si estaba triste, sería débil y entonces una víctima, por lo que no podría sacar su vida adelante.

Con esta interpretación de la realidad (estas creencias) Nuria no se permitió estar triste y bloqueó esta emoción.

Pero las emociones tienen que surgir, y si bloqueamos una emoción, siempre habrá otra que salga. En el caso de Nuria, surgió el enfado, la rebeldía contra el mundo, el odio, la ira…

Nuria aprendió, que ante las injusticias de la vida, no podía estar triste porque entonces sería débil, sería una víctima, y ella tenía que ser fuerte para sobrevivir.

A lo largo de su vida, cada vez que Nuria veía una injusticia, fuera la que fuera, salía el enfado y la rabia. Y ella impartía justicia des de la imposición.

Cuando vino a consulta, Nuria descubrió que esto era un problema para ella, porque se había convertido en una mujer dictadora, despota y que impartía su propia justicia de manera indiscriminada, causándole diferentes problemas en sus relaciones.

El caso de Nuria es muy común. Cuando bloqueamos una emoción, siempre hay otra que surge en su lugar, y que ocupa mucho espacio en nuestra vida, provocando diferentes problemas.

La mala gestión emocional  es la principal causa de nuestro malestar.

Te has preguntado alguna vez, ¿cómo gestionas tú las emociones?

¿Las gestionas de manera correcta, sintiendo cosncientemente la emoción, o la evitas, rechazas, reduces o bloqueas?

¿Cómo gestionas tú la tristeza?
¿Y la rabia, el enfado o la ira?

Piensa en situaciones en las que has sentido esta emoción, y trata de identificar como las has gestionado. Este ejercicio te ayudará a tomar conciencia de tu gestión emocional.

Este es el primer paso para convertirte en un maestro emocional.

Primero de todo tienes que ser capaz de identificar que emoción estás sintiendo en cada momento. No vale con pensar: “hoy estoy raro” o “no me encuentro bien”.

Tienes que ser capaz de saber si estás triste, enfadado, frustrado, decepcionado o desanimado. Igual que cuando sabes que estás contento, fascinado, sorprendido o satisfecho.

Si no sabes que emoción estás sintiendo, difícilmente podrás hacer una buena gestión emocional.

El segundo paso es descifrar el mensaje que te está diciendo la emoción.

La tristeza aparece cuando has perdido algo o lo vas a perder, y te está diciendo que no se han cumplido las expectativas que tenías, por lo tanto, tendrás que revisar tus expectativas.

El enfado, aparece cuando las cosas no salen como a nosotros nos gustaría, por lo tanto, surge cuando nos sentimos agredidos. Te está diciendo que se ha incumplido una norma tuya, por lo que tendrás que revisar la norma.

La soledad aparece cuando estamos desconectados de nuestro entorno. Te está diciendo que necesitas conectar con más gente.

Como puedes ver, cada emoción tiene su propio mensaje.

A partir de descifrar el mensaje de la emoción, podrás decidir que es lo que realmente quieres ante la situación que estás viviendo y darle un nuevo significado. Es decir, volver a revisar lo que piensas de esa situación, y valorar que es lo que quieres a partir de ese momento.

Y por último, con toda esta nueva información, deberás elaborar un plan de acción para responder.

Si sigues todos estos pasos habrás hecho una buena gestión emocional, y en una futura ocasión, cuando vuelvas a sentir la misma emoción, la sabrás identificar mejor y gestionar de manera adecuada.

Dejarás de evitar la emoción, reducirla o bloquearla, y harás una mejor y más eficiente gestión de tu realidad.

Tienes que aprovechar las emociones incómodas que sientes para mejorar tu vida.

Si te encantaría convertirte en un maestro emocional, y tomar el control de tus emociones para dejar de sentirte vulnerable,  contacta conmigo.

Juntos podemos conseguir que aprendas a gestionar bien tus emociones, para que puedas tomar el control de tu vida.

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