valía

Como recuperar la valía personal con la Intervención Estratégica

Como recuperar la valía personal con la Intervención Estratégica, es un caso de éxito que te va a mostrar como se puede recuperar la autoestima cambiando las creencias limitantes de identidad por creencias potenciadoras.

Una historia de no merecimiento ni aceptación que cambio su rumbo por una intervención. 

Susana se había pasado toda la vida intentando agradar a los demás. Era la típica chica que siempre ponía buena cara, estaba dispuesta a ayudar y nunca daba un “no” por respuesta.

En casa había intentado ser una buena hija, durante sus estudios se había convertido en una estudiante modelo, laboralmente había conseguido un buen puesto y, en la actualidad, tenía una pareja que la quería con locura.

Susana intentaba ser la mujer perfecta, y muchas veces, casi lo conseguía, pero a pesar de intentar ser la mejor, ella se seguía sintiendo una mierda.

Llevaba toda la vida sintiendo que no valía nada.

Ya se encargó su padre de hacerle sentir que era un cero a la izquierda. Por más que ella se esforzara en agradarle, solo recibía reproches y menosprecios.

De su madre tampoco recibió nada de amor. El tiempo que estuvo con ella, hasta que los abandono, solo recuerda desprecios e insultos. A sus 13 años salió por la puerta y nunca más la volvió a ver.

Criarse con unos padres que se pasan la vida discutiendo, peleando, rompiendo cosas en casa, y que lo poco que se dirigen a ti es para machacarte, hace que tu existencia se convierta en un suplicio.

Susana para aquel entonces solo se quería morir.

Nadie le daba el amor que ella necesitaba, si no al contrario, le hacían sentir que era un estorbo y una molestia.

La marcha de su madre resultó en una mezcla de sentimientos encontrados que todavía residen en su corazón.

Por un lado, Susana se sintió abandonada y empezó a pensar que era normal que se hubiera ido, porque ella no era merecedora de amor. No valía absolutamente nada, por lo que no tenía porque estar a su lado para quererla.

Pensaba que lo mejor que podía haber hecho su madre, si quería ser feliz, era alejarse de esa casa de locos. Le dolía que se hubiera ido, pero pensaba que se lo merecía por ser una inútil.

No se sentía merecedora de su amor. 

Por otro lado, estaba aliviada, por fin se habían acabado las discusiones entre su padre y ella; los gritos, los alborotos y los dramas que montaba su madre cuando su padre salía por la puerta habían llegado a su fin.

Susana siempre resultaba ser la culpable de esas discusiones, aunque no tuviera nada que ver, y eso dolía; dolía y mucho.

Ella era la pequeña de 2 hermanas, no estaba sola, pero siempre era la que recibía. Su hermana salía bien parada, pero a Susana era a la que machacaban. Tanto para lo bueno como para lo malo.

Su padre quería hacer de ella una mujer hecha y derecha. Con sus buenos modales, su aspecto de punto en blanco y la mejor ama de casa. Y eso lo había conseguido, pero Susana no era consciente de la mujer en la que se había convertido.

Susana se sentía una inútil, que por más que se esforzara, nunca conseguía contentar a su padre.

Su padre la utilizaba como su sirvienta, con la excusa de que se tenía que convertir en la mejor de las mujeres, y cuando algo no lo hacía bien, la despreciaba y recriminaba de malas maneras.

Las consecuencias de su historia

Con este panorama familiar, Susana creció pensando que no se merecía el amor de nadie, ni tan siquiera el suyo propio, que no valía nada y que era inferior a los demás.

Este pensamiento le había acompañado toda su vida, a pesar de haber sacado una carrera universitaria de Educadora social, y tener un buen trabajo en la administración.

El día que realizamos la Intervención Estratégica, seguía pensando que no valía nada, que los demás eran mejores y que ella no era merecedora de todas las cosas buenas que la vida tiene para ofrecerle.

Tenía un gran dolor en su corazón. Se sentía muy pequeñita y creía que no podía hacer nada en esta vida.

Susana creció en un ambiente familiar en el cual no se cubrieron las necesidades emocionales primarias como el amor, el reconocimiento o la seguridad, que todo niño necesita para crecer con una autoestima saludable.

Su valía no se reforzó, si no todo lo contrario, le hicieron creer que no servía para nada.

Esta falta de autoestima no le había permitido creer en ella y sentirse una persona válida.

Pero algo en el fondo de su ser le había hecho seguir adelante, luchar por lo que quiere y conseguir muchos de los objetivos que se había propuesto.

Susana es una persona muy válida. Una mujer emprendedora, luchadora, valiente y perseverante. Tiene toda una serie de cualidades que le han llevado a tener la vida que tiene, pero el problema es que ella no se lo creía.

Tenía un gran dolor en su interior que no le permitía ser feliz.

Una herida emocional producida por su pasado, que no le dejaba encontrar el bienestar que tanto se merece.

Y Susana ya estaba cansada. Sabía que algo dentro de ella no estaba bien, que no le dejaba encontrar el equilibrio vital.

Necesitaba curar esa herida emocional que llevaba dentro, reconocer su valía y sacar todo el dolor de su corazón, para poder encontrar la paz en su vida.

Intervención Estratégica.

Cuando las condiciones de vida, es decir, lo que se tiene no coincide con las expectativas que se tienen, se produce dolor.

Si no se encuentra pronto una manera de reconciliar lo que tenemos con lo que queremos, empieza la frustración, y si se deja que la frustración se mantenga, se convierte en sufrimiento.

El motivo de sufrimiento de Susana venía de no ser capaz de cubrir sus necesidades de amor, pertenencia, control y reconocimiento dentro del núcleo familiar.

Como no pudo cubrir sus necesidades emocionales primarias de supervivencia a una edad muy temprana, empezó toda una historia de no valía y no merecimiento que hizo que su autoestima fuera muy baja y no hubiera conseguido ser feliz, a pesar de haber alcanzado todas las metas que se había propuesto.

Susana necesitaba poder sanar la herida emocional que llevaba arrastrando des de su infancia, cambiar sus creencias limitantes de identidad y conseguir una autoestima saludable.

Susana llegó con un dolor muy grande en su corazón porque a pesar de tener una vida aparentemente plena, se sentía vacía.

Tanto en su círculo social, como en el trabajo y con su pareja aparentaba que estaba bien, que era feliz. Siempre estaba con una sonrisa, se mostraba simpática y escuchaba a los otros.

Estar fuera de casa, en un ambiente diferente, le hacía sentir satisfecha y en paz al ver que podía contribuir a los demás y aportar valor.

Pero esto no lo había tenido nunca dentro de casa. Llevaba sin saber de su madre 30 años, a su padre a penas lo veía y su hermana siempre estaba ausente.

Sentía que no tenía familia, que estaba sola, aunque estuviera rodeada de gente, y era imposible eliminar el dolor que sentía por ello.

Susana necesitaba tomar conciencia de que el amor y el reconocimiento que nunca le habían dado en casa, no tenia nada que ver con ella, si no con su familia.

Ella era la misma en cualquier entorno, por lo tanto, si fuera de casa había recibido amor y reconocimiento, eso quería decir que si se lo merecía.

Quienes estaban equivocados eran sus padres, quienes le crearon la creencia de que no valía nada.

Susana tenía que cambiar su creencia de identidad de valía.

Con la Intervención Estratégica, a partir de toda una serie de preguntas poderosas, Susana experimentó todo ese dolor para poder sacarlo fuera de ella.

Cambió sus creencias limitantes por creencias potenciadoras sobre su valía y su sentir, también cambió completamente.

Susana creció toda la vida buscando el cariño, la aceptación, la validación y el amor de sus padres y, al no recibirlo, empezó la historia de no soy, no valgo, no merezco y no me pueden querer.

Trabajando el contraste entre su vida social y su vida en casa, Susana pudo ver todo lo que valía, y que, si en casa no le habían reconocido todo su valor, era problema de ellos y no de ella.

Reconoció el hecho de que si la querían fuera de casa en muchos ámbitos, y dentro no, no era por su valor como persona.

Este cambio de creencia de identidad, de no valgo nada a si valgo, cambió totalmente el estado emocional de Susana, dándole alivio y esperanza.

Susana entendió que su valía no tiene nada que ver con su familia, si no que depende totalmente de ella.

Ella es la que ha conseguido unos estudios, un buen trabajo, la que es admirada en el trabajo, querida por sus amigos, amada por su pareja.

Ella es Susana, una mujer valiente, luchadora y resiliente que ha conseguido todo lo que se ha propuesto.

Resultados de la Intervención Estratégica

Gracias a la Intervención estratégica, Susana transformó sus creencias de identidad, cambiando las creencias limitantes por creencias potenciadoras que la llevaron a reconocer su valía, su aceptación y su merecimiento de amor, mejorando su autoestima.

Perdonó a su familia al entender que no lo supieron hacer mejor y que nada tenía que ver con su valía como persona.

Y cambió su sentir, desapareciendo el dolor que llevaba dentro y naciendo el alivio, el perdón y la paz interior.

Si tú también llevas toda la vida desvalorizándote, pensando que los demás son mejores que tú y que no te mereces el amor de nadie, tienes un problema de autoestima que necesitas solucionar para poder ser feliz.

Con la Intervención estratégica, puedes en una sola sesión, desmontar las creencias limitantes de identidad, que son la raiz de esa falta de autoestima, e instaurar en tu interior otras creencias potenciadoras que te llevaran a cambiar tu sentir.

Contacta conmigo y cuéntame tu caso. Estaré encantada de escucharte y ponernos manos a la obra con la Intervención Estratégica. 

Haz clic aquí. 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Como recuperar la valía personal con la Intervención Estratégica”

  1. Una historia parecida a lo que viví en mi niñez y adolescencia; mientras leía la historia de Susana, le iba cambiando su nombre por el mio en la historia!!!😔😔

    1. Pues tú también puedes recuperar tu valía personal, igual que hizo Susana, con la Intervención Estratégica. Te mereces todo lo bueno que la vida tiene para ofrecerte, te mereces todo el amor del mundo y te mereces ser feliz. Creételo. 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *