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Como curar una herida del pasado

En el post de hoy, te explico como curar una herida del pasado para que no te afecte en el presente.

Todos tenemos heridas del pasado que no hemos curado y se vuelven abrir cuando menos te lo esperas, generándote un gran dolor y dificultando que puedas avanzar en tu vida.

Piensas que todo va bien. Te sientes estupendo. Tu vida es como quieres que sea. De repente, te encuentras con una situación o persona que te hace aflorar toda una serie de emociones negativas.

Miedo, inseguridad, rabia, enfado, rechazo… No entiendes porque te sientes así. No sabes porque han aparecido estas emociones si todo marcha a la perfección. Pero tú sientes malestar.

 

Son las heridas del pasado que no han cicatrizado y están en lo más profundo de tu ser.

 

A lo largo de nuestra vida, experimentamos situaciones desagradables que nos generan toda una serie de pensamientos y emociones negativas. Tener unos padres que no nos prestan la suficiente atención, una relación amorosa que fracasa, un despido en el trabajo, la traición de un amigo, un proyecto que no tiene éxito…

Cada una de estas situaciones nos lleva a crearnos toda una serie de creencias sobre nosotros mismos, el mundo y los demás, que interiorizamos y nos van a guiar el resto de nuestras vidas. Muchas de estas creencias serán erróneas. Nos generarán emociones negativas cuando las llevemos a la práctica.

Por ejemplo, tu pareja te ha dejado y tú lo habías dado todo por ella. Entonces, piensas que has sido un tonto, que te ha engañado y que nunca más lo darás todo por otra persona. La próxima vez que estés con alguien, serás más duro, menos generoso y tendrán que demostrarte mucho antes de rendirte al amor.

Con estas emociones y pensamientos, pasas página y continuas tu vida. Pero con un cierto resentimiento y resquemor.

 

Si estas creencias las integras en tu ser sin ser crítico con ellas te pasaran factura tarde o temprano.

 

Es normal sentirse decepcionado cuando alguien te deja. Estar dolido, triste, rabioso… Pero hay que aprender a gestionar estas emociones y ser crítico con los pensamientos automáticos que van asociados a ellas y que nos abordan. Si no con el tiempo, si los entierras sin más, volverán aparecer cuando menos te lo esperes y te dañarán.

Hay que darse un tiempo para sentir porque las emociones son como una ola. Después de alcanzar su punto más álgido, de ser expresadas, tienden a disminuir para al final desaparecer.

Si no les damos tiempo a que se reproduzcan con naturalidad y las escondemos, evitamos o huimos de ellas, nos generaran un conflicto interno que se quedará pendiente de resolver.

 

Las heridas son conflictos pendientes que hemos almacenado y, si no se curan, se vuelven abrir. 

 

Nos interrumpen el flujo natural de nuestra vida. Reaparecen cuando creemos que todo nos va genial y lo hacen para hacernos sufrir. Son como unos fantasmas que están en lo más profundo de nuestro ser y que reaparecen, sin tener piedad por nosotros.  Vuelven para arruinar lo que pensábamos que habíamos conseguido.

Estas heridas nos han dejado una cicatriz que al no ser curada, nos acaban dominando. Nos obligan a prestar atención a una parte de nosotros que no hemos sabido gestionar.  Nos hacen sentir que estamos fuera de control.

 

Suelen aparecer en forma de sensación interna desagradable o experiencia desagradable externa.

 

Siguiendo con el ejemplo anterior. Si empiezas una relación de pareja después de un tiempo de haber estado soltero, se supone que es porque la otra persona te gusta y te parece la persona adecuada para compartir tu vida con ella. Todo debería ser muy bonito y que el amor aflorara por todas partes.

Pero hay algo que falla. Eres muy duro con la otra persona, desconfiado de sus intenciones, poco cariñoso y frio en muchas ocasiones… Por más que te has decidido a iniciar la relación no estas cómodo del todo. No te dejas llevar y la otra persona te recrimina tu actitud distante en muchas ocasiones.

No entiendes que te esta pasando. No comprendes porque por más que quieras estar con la otra persona no te comportas como se supone que debería hacerlo una persona enamorada. Todo lo contrario.

La relación se complica en vez de avanzar y tus presagios de que te volverán a dejar se acaban cumpliendo.

 

Este es un claro ejemplo de como las heridas del pasado no nos dejan avanzar y nos complican la vida.

 

Por eso, para evitar que el pasado nos arruine el presente, lo ideal sería ser críticos con los pensamientos automáticos que nos abordan ante situaciones desagradables. Es decir, no dar por verdadero cualquier pensamiento que nos pasa por la cabeza. Hay que analizarlos y ver que tienen de verdad antes de creérnoslos e interiorizarlos.

Si tu pareja te deja, por más que hayas apostado muchísimo por esa relación y te sientas decepcionado y frustrado, no tienes porque pensar que nunca más vas a confiar en nadie. Ni que a partir de ese momento vas a ser más duro y distante.

Estos pensamientos no te van ayudar en tu próxima relación porque aflorarán cuando menos te lo esperes generando malestar.

Si tu pareja te deja tendrás que ser capaz de gestionar todas las emociones negativas que experimentes. Analizar los motivos y «porqués». Aprender de los errores.

 

 

La vida sigue y tienes que continuar adelante.

 

Tendrás que darte un tiempo para sentir el malestar por haber tenido un fracaso amoroso y curarte con el tiempo. Dejar que la rabia y el dolor acaben desapareciendo poco a poco, a su ritmo, sin prisa. Darte el permiso de sentirte mal para luego resurgir. Si no, algún día se reabrirá esa herida.

 

Si no la curas, la herida siempre estará ahí y cuando menos te lo esperes te volverá a doler. 

 

La vida es muy larga. Pasamos por millones de situaciones las cuales pueden reabrirte las heridas que no hayas cicatrizado.

Si no hemos sabido gestionar las situaciones desagradables por las que pasamos formamos una herida interior. Todos tenemos alguna. Nadie se libra de ellas. Y la mayoría suelen ser bastante parecidas de unos a otros. El miedo al rechazo, al abandono, la necesidad de aprobación, el miedo a la crítica…

 

¿Y qué podemos hacer cuando se abre una herida y vuelve a doler?

 

Porque la mayoría de las personas intentan ignorarlas. Hacen ver que no están ahí y continúan como si nada. Pero el malestar que generan no se puede evitar. Lo sentimos. Y por más que nos empeñemos en seguir hacia delante y evitar lo que nos duele, es imposible.

El dolor que te genera una herida mal cicatrizada no se pueden evitar. Aparece para indicarnos que hay algo en nosotros que no funciona. Que tenemos un conflicto pendiente de resolver. Y por eso, es muy importante hacerle caso.

 

Cuando aparece, lo primero que debemos hacer, es ser capaces de diferenciar nuestro conflicto, de la persona o situación que lo ha disparado.

 

Si en la segunda relación de pareja te sientes rabioso, desconfiado y actúas de manera fria y distante, el culpable no es la nueva pareja. Este solo ha sido el mensajero. Quien te ha ayudado a ver el fantasma.

El conflicto es tuyo y proviene de la primera vez que te dejaron. En aquel momento, no supiste gestionar el fracaso amoroso y te formaste toda una serie de creencias erróneas sobre las relaciones de pareja y como debías actuar en la próxima.

Por eso ahora, en la segunda relación actúas distante y frio, por más que quieras estar con la nueva pareja. La herida se ha vuelto abrir y si no haces una cura, seguirá interfiriendo.

 

Hay que tener claro que lo que se está experimentando no se debe a la nueva pareja ni a la relación, sino a la herida mal cicatrizada. 

 

Una vez se tiene esto claro y se separa al mensajero del mensaje, hay que plantar cara al dolor que tienes internamente. No se puedo evitar, ni huir de él. Tampoco se puede dejar que domine tu vida.

 

Se debe de ser capaz de trabajarlo des de la frialdad de analizar de donde viene. En que punto de la vida se formó. Que situación no se supo gestionar que hizo que se creara.

 

Y se tiene que sentir, experimentar. Sentir el dolor que provoca. Lo que no se tiene que hacer es racionalizarlo, evitarlo o huir de él. La única práctica que al final permite que la herida no te controle es ver que te esta ocurriendo cuando aparece. Que emociones te hace experimentar.

Llora, grita, desmóntate… siéntelo en todo su esplendor. Solo de esta manera conseguirás que curarte. Solo si te permites sentir conseguirás que el dolor desaparezca. Evitándolo solo consigues reforzar su estancia en ti.

Cuando tenemos  una herida del pasado y no hacemos nada por curarla es muy difícil avanzar en la vida. Tarde o temprano volverán aparecer el dolor y lo harán con más fuerza. En su aparición sacará lo peor de ti. Te fastidiará la vida que hayas construido hasta el momento.

 

La dificultad que nos encontramos hoy en día es que vivimos en una sociedad que no nos permite estar mal. Nos exige que seamos felices constantemente. Parece que no podemos permitirnos estar de bajón ni cuando vivimos situaciones vitales negativas.

 

Todos tendemos a pasar pagina rápidamente queriendo olvidar la desgracia que nos ha pasado. Las emociones negativas y los pensamientos erróneos que nos ha generado la difícil situación quedan almacenados en nuestro ser y seguimos adelante.

 

Esta mala gestión de las situaciones desagradables forman unas heridas profundas dentro de nosotros que volverán a producirte dolor en cualquier momento de tu vida sin más.

 

Por esto tenemos que permitirnos sentir.  Sentir emociones desagradables. No podemos archivar nuestras emociones sin que al final esta práctica nos pase factura. Toda mala gestión, al final tiene un mal resultado.

Por lo tanto, una mala gestión emocional no nos permite curarnos adecuadamente y nos lleva a sabotearnos a nosotros mismos en los que deberían ser los mejores momentos de nuestra vida.

Si no quieres que tus heridas del pasado te pasen factura y te gustaría poder curarlas, ponte en contacto conmigo.

Gracias a la Intervención Estratégica, puedes conseguir curar tus heridas del pasado para que estás dejen de limitar tu presente y puedas avanzar hacía un futuro maravillos.

 

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